viernes, 27 de septiembre de 2013

Fatal (9)

Me despierto aterida por el frío del amanecer y me levanto y pego mi nariz en el cristal de una ventana que se asoma al ángulo de una carretera de paso; a penas la promesa de un conducir hasta el mundo, si es que el mundo aún existe y está ahí fuera. El vaho húmedo y frío vela lo poco que queda que anhelar, mis pies se congelan, pequeños, sobre el linóleo desnudo. Aprendo a tragarme una vez más la frustración de no llegar, no ser suficiente, no pertenecer a nada, el equivalente angustiado de masticar arena con los dientes. Es al final el único motor que me mantiene revolucionada, la gasolina que servirá para quemar una o dos páginas y calentará el rescoldo de lo que está por venir, pero nunca llega.
Mientras, a mi alrededor, en impulsos que no puedo reconocer, que me son ajenos, los zombies aplicados dedicados a hacer realidad sus sueños los machacan en representaciones burdas que no son más que insultos, caricaturas de todo aquello que invocábamos a la luz azul de las tres de la mañana, inflamados por la pulsión, por lo inevitable, por lo que nos desgarra y nos mantenía insomnes. Siento que solo yo caigo en la cuenta de que eso que suponen es una vida, alcanzar los objetivos, no es más que un ridículo remedo de vivir.
Mientras, soy dolorosamente consciente de todos los errores cometidos; ya ni siquiera espero la ilusión de no volver a caer, y me limito a arrastrarme en este aprendizaje sin solución de continuidad que sólo me despierta, más y más consciente de lo que aún tengo por aprender, pero no se refleja en ningún avance tangible, todo son entretenimientos con los que alimentar el ego. Que no me da tregua ninguna, no se refleja en palabras, no me arranca de los huesos la soberbia, la ironía y el miedo al fracaso que disfrazo con respeto para no pedirte lo que quiero y no exigir lo que me está arrasando las tripas.
La soledad está más asentada que nunca. Puede que fuera de mi cuerpo haga frío, pero yo sigo respirando rabia, como un veneno caliente, enlodada, en un pringue repugnante y nauseabundo que he creado yo misma dejando que no ser sincera llene todo lo que soy y lo que tengo. Lo cierto es que me quedo atrás y lo sé. Y no puedo hacer nada por evitarlo. 
Sigo atrapada con el diario de la autocomplaciencia.




2 comentarios:

  1. No es vida lo que viven. Somos conscientes... y sin embargo...

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