martes, 1 de junio de 2010



Y qué si, de repente, a los cientos de estorninos que pululan por el cielo
 les diera por cagar todos a un tiempo, 
sobre las cabecitas pardas de los transeúntes.

¿Me entrarían ganas de escribir canciones sobre caricias tiernas,
sobre besos,
sobre niños?

Meto un dedo despacio
en el vaso 
y apoyo el pulpejo en la superficie lisa del bourbon sin romperla,
¡flap!,
un mar caramelo pegado a mi dedo,
borracho 
tonto. 

Cae la tarde y me duele la cabeza, 
enciendo otro cigarrillo
y cambio de pierna.
Vale, el mundo está centrado sobre la posibilidad incierta
de que, en la próxima hora,
el futuro se de la vuelta.
Pero no hay piedad para los pobres desvalidos que no fueron advertidos de que la realidad es una puta vieja. 

Caminas despacio pasillo arriba,
pasillo a bajo,
me tumbo en el sofá para verte las plantas de los pies,
te veo del revés
Y me hace gracia.
He probado drogas más duras,
pero me tiene entretenida
en esta esquina
lo que me ofreces 

4 comentarios:

  1. Que de recuerdos me trae Jewel...
    No hay piedad para nadie.

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  2. Y con esto ya estoy casi segura de que, al tiempo que tú estabas en Boston, yo estaba en Philadelphia ;)

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